Mi experiencia en el TDS 2014 por Aldo Leschorn : 1era Parte

Publicado el 06 de febrero, 2014 en Sin categoría

Desde que inicié a montar bicicleta MTB en el verano
del año 2010, uno de los eventos que más me llamaba la atención era el “Tour
del Sufrimiento”, por su nombre tan retador, la cantidad de kilómetros, el número
de días corridos y la sopa de lomas que significa atravesar la Cordillera
Central prácticamente por su espinazo. Me estuvo evadiendo hasta que este año
finalmente me decidí y tuve la suerte que se alinearon varios planetas para
facilitar las cosas.

Miércoles 22 de Enero :
Me escribe Fefo Poueriet un Inbox preguntándome que si
no iba a ir pues había visto mi inscripción por internet y yo no había aun
formalizado; le digo que sí, que voy y que me espere en PB-1 para pagar y
recoger mi kit. Llego y le digo que no estoy en coger lucha con el transporte
y, sobre todo, la dormida ya que soy de cuerpo XL y las camas en esos hoteles
de pueblo son ingratas para estos tamaños. Me dice “llama a David Fernández que
está por ir también al TDS y puede ser que consigan condiciones adecuadas para
tu caso y además te puedes ir con él a Jarabacoa”. Así lo hago y David sólo me
pone como condición que busque como llegar a Rancho Baiguate pues estaba llena
su jeepeta. Gustosamente pago a Fefo mi inscripción y transporte… no hay vuelta
atrás ya!

Foto Cortesia de PlanetBike

Jueves 23 de Enero:

Timbra mi celular en la tarde, es David quien me dice:
“te puedes ir con nosotros que Izquierdo (Francisco) se bajó”, aquí es que digo
que se comienzan a alinear los planetas favorablemente. Quedamos en que me recogerían
a las 6:20am para iniciar la travesía.

Viernes 24 de Enero (Primera Etapa) :
Aún el alba no dejaba ver bien cuando llega David,
acompañado del eficiente asistente Franklin y otra persona que no reconocía
hasta que baja y se acerca, es nada más y nada menos que Karim Mella, uno de
los escaladores dominicanos del Everest, acabado de llegar de Brasil luego de 7
horas en guagua hasta el aeropuerto y no sé cuantas horas más de vuelo hasta R.
D.; este sí que había iniciado su TDS con anticipación!

Llegamos a Rancho Baiguate y ya había ciclistas prestos para arrancar, se notaba la alegría y ansiedad por dar inicio a un evento que exige al máximo la capacidad física de los participantes… Seguir leyendo


Foto Cortesia de PlanetBike

Se da la salida a la hora acordada (10:00am) con una
temperatura agradable y un clima que amenazó con ser lluvioso pero que se
despejó hasta el resto del tour, dejándonos unos caminos secos y transitables.
Muchos nos quejamos entre dientes de que nos soltaron por la parte trasera de
RB ya que por ahí había que cruzar un caudaloso arroyo, y mojarse las
zapatillas apenas comenzando no estaba! Por suerte Omar Rodríguez y su equipo
de RB habían creado un espectacular trillo que no requería de meter los pies en
el agua.

Cogemos el asfalto hacia el centro del pueblo
(Jarabacoa), par de repechitos para que no se nos olvidara a qué veníamos,
pasamos por la famosa tienda “La Cancha” y doblamos a la izquierda para seguir
la carretera hacia Manabao; al pasar frente a la entrada del Monasterio de los
Monjes Cistercienses (Mogote) ya entramos en materia y la pendiente aumenta
abruptamente, comienzo a pedalear parado pues aún estoy fresquecito, subo
piñones con plato del medio y tranco las suspensiones (voy en doble
suspendida).
Me mantengo escalando a ritmo constante cerca de 2
“americanos” que vinieron de Miami, con ropa negra y sendas S-WORKS hard-tail
aperísimas, que parecían unos matatanes y en eso el Pollito Tejera se me acerca
y dice: “esos son unos duros, caerles atrás es difícil, los conozco porque
vienen al Triple 100 siempre”; yo se lo creo pero pienso que como en la Florida
no hay lomas, salvo los puentes y basureros, quizás en este Tour cogían su
lucha (al final demostraron ser muy buenos).
Llegamos a “La Cortina”, donde sé que los huevos se
ponen a 5 pesos (es el único tramo del TDS que conocía previamente), y oigo a
mi amigo triatleta Humberto Ruiz confirmar: “ahora es que esto se pone bueno!”;
pongo 1ra, en plato del medio siempre, y le doy a los pedales con todo…unos
metros más arriba veo el vehículo de Romanín Ramos y le pregunto a su amable
asistente si tenía aceite de cadena, me dice que sí y me detengo a engrasar
(aprovecho para descansar, uff!).

Foto Cortesia de PlanetBike

Ya me contaban que el pelotón de salida se había disgregado
y extendido varios kilómetros e inclusive Fefo Poueriet andaba en un motor
pidiendo a los de delante que bajáramos un poco la velocidad; finalmente coronamos
ese tramo y comenzamos a descender hacia Manabao llevando un ritmo fluido. Al
llegar al cruce para La Ciénaga me paro para tomar aminoácidos y proteger los
músculos del desgaste que generan estos esfuerzos, llegan David y Karim casi de
inmediato y nos reagrupamos para seguir.

Dejamos el asfalto y el camino va más o menos llano
con pocos repechos, nos topamos con una zona de construcción con camiones y
equipos pesados trabajando; sigo rodando con la ansiedad que me provoca saber
que en cualquier momento me encuentro con la pared que significa la subida de
La Virgen antes de La Ciénaga, mi mente va adivinando lo que viene: aparecen
los invernaderos de plástico e inmediatamente un giro a la izquierda…ahí está
el temido (para mí, que era lo más fuerte que conocía de esa etapa) repecho!
Lo subo a buen ritmo, pues aún habían fuerzas, junto
al Pollito y el ciclista inglés que vive en Samaná (ese sí que tiene lomas por
allá), aunque voy sintiendo los primeros síntomas de una pre-pájara pues ya el
sol atacaba al despejarse el nublado que encontramos al salir. Continúo en sube
y baja hasta llegar a La Ciénaga y allí busco desesperadamente una sombra donde
pararme pues me sentía agobiado, no sé si por deshidratación o por falta de
combustible (comida); veo de lejos que me llaman para que baje a la casa del
río donde había un oasis y de donde partía la 1ra crono-escalada.

En este punto decido no participar en competencia,
primero porque no me sentía muy bien y luego porque no conocía nada del camino
por venir, así que me planteo usar esta primera experiencia para conocer la
ruta del Tour y ver si en otra ocasión compito; lo que si hago es reponer el
thermo, comer algo y descansar. Karim y David me llaman para que continuemos y
arrancamos (por lo menos yo) a lo desconocido.
Foto Cortesia de PlanetBike

Luego de unos 300 metros recorridos, el camino “habla”
de lo que me espera: pendientes súper fuertes y caminos técnicos que, gracias a
Dios no estaban mojados porque ahí sí es verdad que se extremaban las cosas. Me
imaginaba participando en la crono y agradecía no haberlo hecho pues continuaba
sintiéndome mal hasta el punto que la pájara hizo su temida aparición; tratando
de dominarla montado, seguí pedaleando y escalando por tremendos repechos hasta
que llegué a uno donde no pude más y no me quedó otra que apearme y caminar, so
pena de que se me bajaran todos los “breakers” de un fuetazo.

En este punto ya Karim se da cuenta, por la falta de
color en mi cara, que no estoy bien pero le digo que siga, que caminaré “hasta
que se me quite”;  me comienzan a pasar
ciclistas (aunque varios caminaban como yo) y en una ocasión escucho una voz,
para mayor vergüenza femenina, que vocea: “No, no, no…como va a ser? Esta
lomita y tu caminando?”, era Eugenia Rosario quien venía muy campante
escalando…ufff!
Me monto de nuevo, mareado y pálido, escucho un motor
que se acerca y cuando me pasa veo a una gran humanidad como de 300 libras
montado en el pobre motorcito: era el hermano del ciclista de Nagua que
avanzaba hacia la meta de la crono. Más adelante lo encuentro detenido y me
paro exhausto creyendo que ese era el punto de meta, él me dice que no, que era
más arriba y que estaba admirando el panorama (yo creo que era dejando que se
enfriara la máquina ya que iba forzada, jejeje).
Pasa la camioneta de suministros y le pido una botella
de agua, nunca había sentido bajar por mi garganta un agua tan agradable como
esa; sigo y finalmente llego a la meta de la crono donde había un oasis con
alimentos. Comienzo a recuperarme y Karim me comenta: “te volvió el color a la
cara!”, me sentí con fuerzas de nuevo en lo que conversaba con los otros
compañeros que iban llegando.
Con nuevos ánimos y poderes le caigo atrás a David y
Karim que ya habían partido del oasis, el camino es en bajada, pero que clase
de bajadas con zanjones, arenilla y piedras…un coctel para una tremenda caída
inesperada. De pronto un giro violento casi de 180 grados a la izquierda y
cruzamos un limpio arroyo (Yaquecito creo le llaman) para internarnos en un
cuasi trillo de subidas y bajadas; ya voy con fuerza en el pedaleo y me uno a
los 2 “americanos” tipo Men in Black que van dándole a todo gas.

Llegamos los tres al Cruce de La Mina de caolín y ahí
nos detenemos pues ninguno conocíamos la ruta, les digo que solo veía una
posibilidad pues las otras opciones eran caminos desde y hacia la mina, le
preguntan a un minero que allí se encontraba que cuanto faltaba para Constanza
y él dice que 30K, se ponen a calcular en su cabeza cuanto es eso en millas y
les ayudo: “unas 19 a 20 millas” digo; ponen cara de desconcierto pues se
sentían más cerca.

Foto Cortesia de David Fernandez

Me voy alante y los dejo cavilando, tengo ganas de
llegar ya pues tenía casi 6 horas sobre la bicicleta; comienzan a aparecer los
cultivos de hortalizas y eso me crea un dilema: estoy llegando pero primero hay
que pasar por el vallecito antes de La Culata y luego sé que viene un buen
repecho antes de comenzar a bajar a Constanza. Así sucedió, pero las ganas de
llegar y el ancho camino me impulsaron hasta la Virgen de La Culata y comenzó lo que seria el descenso final del día.

Monte y Culebra Escrito por:

Monte y Culebra